Cada vez que queremos nos encadenamos a esperanzas que creamos en el día a día.
Al terminar, es ese mismo encadenamiento el que nos mantiene atados a algo que no existe.
La incapacidad del ser humano de aceptar los cambios en los otros nos vuelve ciegos y obsesivos.
La esperanza de que, algún día, logremos superar esos momentos en donde escapar no funciona de nada jamás la voy a perder.
Aprender a no atarse a un querer.
Negar que siempre algo queda sería de necios, el día que así suceda será porque no supimos querer.
La esperanza de liberación no viene de la mano de otra persona, viene de la mano de nosotros mismos.
Aprender.
Constantemente hay que aprender.