Las preguntas que no hacemos suelen convertirse en las piedras angulares de nuestros miedos.
¿Porque no preguntar?
Por simple miedo a escuchar lo que sospechamos.
Nos seguimos comportando de la forma más complicada que Dios jamás haya podido imaginar.
¿Hasta donde es capaz de llegar la mente humana en su retorcida capacidad de complicarse la vida?
¿Hasta donde somos capaces de permitirnos ese bloqueo mental de no afrontar lo que puede estar pasando?
Si las cosas son diferentes, jamás lo sabremos.
El miedo no nos ha de dejar en paz, y es ahí en donde nos sentimos cómodos conviviendo con la mentira.
Seres miserables si los hay, el ser humano ocupa el primer y el último lugar.
¿Como queremos que nos entiendan? Si ni si quiera nosotros lo podemos hacer.