La imposibilidad de hilar dos palabras.
La imposibilidad de leer dos párrafos.
La falta de voluntad.
Las ganas de dormir todo el día.
Pareciese que la realidad me absorbe, me agota.
La necesidad de que el aire cambie con una presencia nueva se vuelve imperante.
Esa nueva presencia es de un viejo conocido, quizás.
Esa nueva presencia es prestarse un poco más la oreja para seguir sabiendo del otro.
Esperando esa presencia que se vuelve ausencia a cada instante en el que te recuerdo es la que hace que no haga nada.
Es lo que hace que el tiempo pase sin significado alguno.
Es la que me absorbe, me agota.
No te sientas tocada.
No pienses que te lo estoy diciendo.
No te creas que esto es un reproche.
Es pensar el palabras volcadas a un testigo silencioso de la realidad.
Algo que nadie ve, algo que a nadie le importa realmente.
Cuatro palabras, una canción y el día se acabó.