La soledad es un arma de doble filo.
La soledad se puede convertir en una herramienta de transformación.
El asunto es que, aquel que esté dispuesto a compartir con la soledad se enfrenta a un desafío.
Este desafío implica un descubrimiento hacia el interior, hacia una profunda introspección.
El ir más adentro de uno mismo implica desnudar nuestras miserias, nuestras más profundas falencias.
Para hacer esa introspección es necesaria la fuerza de voluntad para dejar todo de lado y darse tiempo.
Ese tiempo meramente depende de nosotros mismos, de un mejoramiento personal para después poder salir afuera y brillar, brillar para alguien más en base a nuestro propio bienestar y conformidad.
Complicado, así es querer.