Borrar cada día.
Acostarse y sacarse el cassette para que durante la noche se desgrave.
Arrancar cada día seleccionando que saber y que no.
Auto inducirnos en una inercia asesina de elegir que vivir y que no.
No es vivir.
La cobardía para enfrentar algunos hechos vuelve a las personas tristes bancos de órganos que deambulan por una ciudad que está inundada de porquería espiritual.
La frivolidad vuelve a estos seres cada vez más miserables, hasta el punto en el cual no son capaces de respetarse a si mismos.
"Solo algunos perciben la claridad, a otros todo les chupa un huevo"
Amigos faltan, pero con los que hay me basta.
Falsedades ideológicas por doquier.

Pareciera que las excusas no se te acaban.
Pareciera que sos un repertorio infinito de situaciones que se dan en simultáneo con mis proposiciones.
Mientras tanto sigo buscando eso que me acerque a vos, solo un poco, no vaya a ser que descubras que acaricio tu mano con una mirada y vuelvas a huir.
Hundido en el eco del silencio nos volvemos artífices de nuestra falsa realidad en donde cada noche antes de dormir fumo con vos y me despido con solo una caricia, esa misma caricia que no puedo dar.
Esto de vivir en mundos inundados de falsas realidades, de concretas ausencias ya me es conocido. Espero que vos nunca lo conozcas y en caso de que te des cuenta de esto, vengas y te dejes fluir.
Fluir sin un fin más que fluir.

La soledad es un arma de doble filo.
La soledad se puede convertir en una herramienta de transformación.
El asunto es que, aquel que esté dispuesto a compartir con la soledad se enfrenta a un desafío.
Este desafío implica un descubrimiento hacia el interior, hacia una profunda introspección.
El ir más adentro de uno mismo implica desnudar nuestras miserias, nuestras más profundas falencias.
Para hacer esa introspección es necesaria la fuerza de voluntad para dejar todo de lado y darse tiempo.
Ese tiempo meramente depende de nosotros mismos, de un mejoramiento personal para después poder salir afuera y brillar, brillar para alguien más en base a nuestro propio bienestar y conformidad.
Complicado, así es querer.

Una palabra es capaz de albergar esperanza.
Una acción es capaz de llenarnos de satisfacción.
Es momento de elegir.
Es momento de poner la realidad frente a vos y decidir que es lo que queres.
Juegos de aparecer y desaparecer.
Repetimos ciclos, repetimos hechos y siempre nos quedamos con esa sensación de vacío.
Vacío constante.
Vacío repetitivo.
Vacío.

El frío mata de a poco.
El deaentenfimiento es una de sus caras.
Más y más personas se vuelven frías por el simple hecho de no decir calor.
Para producir algo, es necesario tener con que.
Se me acaban las palabras, el tiempo pasa y enfría el ambiente.
Entramos en un cómodo letargo del cual salimos en un infierno de pasión que dura dos segundos.
No lo pensé así.
No lo desee así.
Quejarse es ponerse en evidencia y no es momento.
Jamás fue momento para mi.
Esperamos la próxima erupción.


Raro juego de encontrarnos y desencontrarnos.
Raro juego en donde jamás creo que pueda ganar.
Imposible enojarme.
Volvemos siempre al mismo punto en donde todo empieza.
Historias sin fin, ni comienzo.
Paranoias constantes de gente que no se sabe encontrar.
Ni la distancia lo pudo cortar.
Seguir así es lo que resta.
(Des)Esperando el momento.
Ya es costumbre.




Jamás en la vida existió una persona que logre tener todo lo que quiera.
No necesariamente hable desde lo material.
Resulta imposible ya que la incompatibilidad es una constante en la vida.
¿Existe algún sentido real con el cual podríamos tenerlo todo?
No, es más parecería una venganza de la vida ensañada hasta el fin con alguien ya que no tendría motivación alguna.
Sabemos que no hemos de lograr todo, pero ¿Por qué lo buscamos? ¿Por qué nos ensañamos con todo lo que este frente a nosotros para lograr más y más?
El hombre es, al fin de cuentas, un barril sin fondo.
Algo en donde por más que se deposite una eternidad, siempre le hará falta algo.
Pensar que ahora solo quiero un instante, una eternidad.


Ahora parecieras tener mil pretextos.
Pareciera que nada te hace gozar.
¿Para que soñarte?
Te cansas de limitar(me)
No voy a cambiarte, lo vas a notar.
Vas a ocupar este lugar.
Te quiero acá para volver a perfumar mis momentos.
La lluvia que traerás lavará todo lo malo que hay acá. 
Solo imaginar, limitado a eso.
Solo soñar, no me lo puedes arrebatar.
Solo querer, otra cosa no puedo.
Solo esperar, algún día sabrás.
Solo estar, para que sientas.
Solo , solo, solo.

La imposibilidad de hilar dos palabras.
La imposibilidad de leer dos párrafos.
La falta de voluntad.
Las ganas de dormir todo el día.
Pareciese que la realidad me absorbe, me agota.
La necesidad de que el aire cambie con una presencia nueva se vuelve imperante.
Esa nueva presencia es de un viejo conocido, quizás.
Esa nueva presencia es prestarse un poco más la oreja para seguir sabiendo del otro.
Esperando esa presencia que se vuelve ausencia a cada instante en el que te recuerdo es la que hace que no haga nada.
Es lo que hace que el tiempo pase sin significado alguno.
Es la que me absorbe, me agota.
No te sientas tocada.
No pienses que te lo estoy diciendo.
No te creas que esto es un reproche.
Es pensar el palabras volcadas a un testigo silencioso de la realidad.
Algo que nadie ve, algo que a nadie le importa realmente.
Cuatro palabras, una canción y el día se acabó.

Las preguntas que no hacemos suelen convertirse en las piedras angulares de nuestros miedos.
¿Porque no preguntar?
Por simple miedo a escuchar lo que sospechamos.
Nos seguimos comportando de la forma más complicada que Dios jamás haya podido imaginar.
¿Hasta donde es capaz de llegar la mente humana en su retorcida capacidad de complicarse la vida?
¿Hasta donde somos capaces de permitirnos ese bloqueo mental de no afrontar lo que puede estar pasando?
Si las cosas son diferentes, jamás lo sabremos.
El miedo no nos ha de dejar en paz, y es ahí en donde nos sentimos cómodos conviviendo con la mentira.
Seres miserables si los hay, el ser humano ocupa el primer y el último lugar.
¿Como queremos que nos entiendan? Si ni si quiera nosotros lo podemos hacer.



¿Cuántas paredes nos construimos?
¿Cuantas de esas paredes están hechas de nuestros propios miedos?
Miedos que ni si quiera sospechamos tener.
Un fino trabajo del subconsciente, permanente, persistente.
Nos encontramos bloqueados en lo que nosotros tememos.
No vamos más allá de lo que queremos.
Los límites son construcciones propias del hombre.
Instante en el cual todo depende de uno.
No existen ganas para nada.
Huir no es opción.
Mantenerse en esta inercia constante, tampoco.
¿Que hacer?