Acostarse y sacarse el cassette para que durante la noche se desgrave.
Arrancar cada día seleccionando que saber y que no.
Auto inducirnos en una inercia asesina de elegir que vivir y que no.
No es vivir.
La cobardía para enfrentar algunos hechos vuelve a las personas tristes bancos de órganos que deambulan por una ciudad que está inundada de porquería espiritual.
La frivolidad vuelve a estos seres cada vez más miserables, hasta el punto en el cual no son capaces de respetarse a si mismos.
"Solo algunos perciben la claridad, a otros todo les chupa un huevo"
Amigos faltan, pero con los que hay me basta.
Falsedades ideológicas por doquier.
La soledad se puede convertir en una herramienta de transformación.
El asunto es que, aquel que esté dispuesto a compartir con la soledad se enfrenta a un desafío.
Este desafío implica un descubrimiento hacia el interior, hacia una profunda introspección.
El ir más adentro de uno mismo implica desnudar nuestras miserias, nuestras más profundas falencias.
Para hacer esa introspección es necesaria la fuerza de voluntad para dejar todo de lado y darse tiempo.
Ese tiempo meramente depende de nosotros mismos, de un mejoramiento personal para después poder salir afuera y brillar, brillar para alguien más en base a nuestro propio bienestar y conformidad.
Complicado, así es querer.
Una palabra es capaz de albergar esperanza.
Una acción es capaz de llenarnos de satisfacción.
Es momento de elegir.
Es momento de poner la realidad frente a vos y decidir que es lo que queres.
Juegos de aparecer y desaparecer.
Repetimos ciclos, repetimos hechos y siempre nos quedamos con esa sensación de vacío.
Vacío constante.
Vacío repetitivo.
Vacío.
El frío mata de a poco.
El deaentenfimiento es una de sus caras.
Más y más personas se vuelven frías por el simple hecho de no decir calor.
Para producir algo, es necesario tener con que.
Se me acaban las palabras, el tiempo pasa y enfría el ambiente.
Entramos en un cómodo letargo del cual salimos en un infierno de pasión que dura dos segundos.
No lo pensé así.
No lo desee así.
Quejarse es ponerse en evidencia y no es momento.
Jamás fue momento para mi.
Esperamos la próxima erupción.
La imposibilidad de leer dos párrafos.
La falta de voluntad.
Las ganas de dormir todo el día.
Pareciese que la realidad me absorbe, me agota.
La necesidad de que el aire cambie con una presencia nueva se vuelve imperante.
Esa nueva presencia es de un viejo conocido, quizás.
Esa nueva presencia es prestarse un poco más la oreja para seguir sabiendo del otro.
Esperando esa presencia que se vuelve ausencia a cada instante en el que te recuerdo es la que hace que no haga nada.
Es lo que hace que el tiempo pase sin significado alguno.
Es la que me absorbe, me agota.
No te sientas tocada.
No pienses que te lo estoy diciendo.
No te creas que esto es un reproche.
Es pensar el palabras volcadas a un testigo silencioso de la realidad.
Algo que nadie ve, algo que a nadie le importa realmente.
Cuatro palabras, una canción y el día se acabó.
¿Cuantas de esas paredes están hechas de nuestros propios miedos?
Miedos que ni si quiera sospechamos tener.
Un fino trabajo del subconsciente, permanente, persistente.
Nos encontramos bloqueados en lo que nosotros tememos.
No vamos más allá de lo que queremos.
Los límites son construcciones propias del hombre.
