Quizás atrapar estrellas con un lazo sea mas fácil que poder llegar a tu corazón.
Quizás mucho hablamos sin saber, mucho pusimos en la mesa sin hacer algún reparo pensando en lo que nos podría pasar.
Quizás volvimos a comportarnos como niños encaprichados.
Quizás nos equivocamos y eso nos va a doler, cuando choquemos con la realidad.
Quimera que tus labios terminen siendo la realidad, que suspirar al roce, que se prestan a una sonrisa infinita siempre cómplice del silencio.
Un silencio, mil preguntas.
Un silencio, algo que falta.
Un silencio, cientos de especulaciones.
No es cuestión de tiempo, tampoco pasa por conformarse, mucho menos ha de pasar por forzar las cosas a in destino que no es el determinado. Pero si pasa por allanar el camino para que los pasos que quieras dar sean sobre tierra firme, que no levanten polvo de pasadas desventuras, que formen una ruta que has de transitar mil veces mas.
Cada paso que damos es el jugarse, el apostar, el poner todo de uno en juego.
La suerte esta echada y el camino solo lo tenes que empezar a transitar es tu decisión.
Quiero una foto tuya, quiero que me regales ese instante en donde vos seas mi protagonista.
Quiero tu pelo suelto, tu mano suave y tu mirada infinita.
Quiero hoy tu presciencia, quiero hoy tu compañía de segundos que duran años, quiero que esa foto sea lo más tuyo que yo pueda tener.
Quiero compartir tus sueños como una dulce caricia de tus suaves manos.
Quiero y por eso sueño, porque es tan perfecto que cada noche lo puedo recrear, tu presencia es la constante.
Me puso delante de mis ojos para ver vestigios de oscuridad, para mostrarme la necesidad urgente de buscar respuestas en uno.
El buscar en los demás lo que uno necesita implica que aquello que encontremos quede atado a esa otra persona y si se va algo nuestro también lo hace.
Quizás sea tiempo de mirar dentro u encontrar.
Realmente no se hacia donde correr, busco una mano que tomar aun sabiendo que no hay quien pueda ayudarme como yo lo necesito.
Todo esta en vos me dice ese reflejo en el espejo.
Es raro tratar de entender, poner las cosas para poder hablar y que sólo exista este silencio que no ayuda a nadie.
Ese mismo silencio carente de un sentido total hace que el desconcierto alimente esa desconfianza, esa pequeña falta de concretar las palabras dichas como un vertedero de ilusiones sin sustento.
Quisiera entender, pero prefiero sentir.
Todo aquello que no digamos puede que se convierta en los barrotes de aquella cárcel de silencio que construimos día a día.
La ansiedad y el deseo se convierten en agilizadores de una verborragia que en momentos nos convierten en niños de cuatro años: decimos todo sin medir las formas ni las palabra, solo vomitamos nuestra verdad, nuestra ilusión.
Madurar implica ir buscando las formas en las cuales canalizar las palabras en pos de no ser presos de aquello que ni dijimos.
Pronto hablaremos, no espero demasiado pero tampoco voy a quedarme en silencio como lo hice antes.
Por ahí es miedo, generalmente una deformación plástica de la inseguridad.
También probablemente son cosas que pasaron en algunos sueños viejos que queman aún hoy.
También en sí es tiempo que no ha pasado, son momentos no vividos.
Es la misma intangibilidad del vacío profundo del silencio.
Es también mucho más allá del silencio que cada noche se llena de colores que al despertar van desapareciendo.
Demasiado para una sola mente.
Quizás deberíamos vivir un tiempo por inercia, algunos días para simplemente fluir, fluir sin un fin.
No lo se, jamás lo se y tampoco entiendo porque trato de entender.
No lo se y seguiremos así...
Igual la alegría no la pierdo.
Alimentando el deseo de más.
Aprendiendo de lo sencillo.
Disfrutando lo que hay.
Esperando siempre más.
La felicidad de lo sencillo se vuelve increíblemente duradera.
Precisamente es tan bello en su mera concepción que no existen defectos.
Veo perfección.
Veo futuro.
Te veo a vos a mi lado.