Por ahí vives en saltos que te hacen pasar de un mundo al otro, con la misma mujer en frente y es en ese mismo punto en donde dejas de entender, dejas de creer y empezas a darte cuenta de que es una mujer y por ende es demasiado rara.
Rara belleza que nos vuelve idiota, que nos vuelve capaces de soportar infinidad de cosas queriendo que la vida continúe. No está mal, tampoco está bien.