Por ahí me resulta imposible separar ciertas cosas, una aparición tuya tan remota como fría con la posibilidad de mirarte un rato.
El subconsciente es lo más traicionero disponible en esos momentos y tal es así que actuamos en pos de aquéllas cosas que queremos.
Creo que nunca va a dejar de ser así, por el sencillo hecho que nunca estuvo atado al desinterés del deseo cumplido. Nunca hay un límite cuando es posible disfrutar tan solo de tu perfume, de tu voz, de tu compañía.
Es más, hoy por hoy prefiero mil días antes que una noche. Mil fotos, mil kilómetros, mil...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario