Agarrar un revólver, abrir el tambor, poner una sola
bala, girarlo y cerrarlo sin ver. Lo pones en tu cabeza y gatillas
hasta que no lo haces más. Una ruleta rusa.Lo mismo es confiar
sin ver, lo mismo es creer solo en palabras, lo mismo es jugársela. La única
diferencia
radica en que será esa persona quien te saque el revolver de la cabeza, evitando
que te vueles la cabeza.Hay veces que
pareciera que tenemos un ametralladora, gatillamos mil veces esperando que
venga a salvaros o esperando reventarnos la cabeza y nunca llega ninguno de los
dos momentos.Se vuelve perverso el
tiempo de espera, muchas veces sin sentido alguno, otras con una incomparable recompensa
al final del tambor.No podemos estar sin
jugar, no podemos estar siempre gatillando. Quizás debamos entrar en esos
momentos en donde simplemente cargamos lentamente dejándonos un tiempo de
aparente calma.
.jpg)