Que la vida te trate con dulzura es cosa del destino.
En si el destino es una mera consecuencia de los hechos.
Y lo que hoy hacemos es causa de lo que nos pasó antes.
Por momentos aparecen cosas de la nada.
Ella es lo que te da una motivación.
Quizás decidas convertirla en tu motor.
Puede que te conviertas en su motor.
Pero siempre se cae en lo mismo: el tiempo.
Lo que suceda se macera solo en tiempo, cual menjunje milenario que nos llenará de felicidad.
Que hará que conozcamos el límite de todo aquello que deseamos.
Nos volverá mejores personas, con más luz hacia dentro.
Y esa misma luz será la que ilumine su camino.
Veremos.