Hasta cuando es que vamos a caminar entre piedras?
                No me pidan que defina lo que es la felicidad, no me pidan que les muestre lo que es para mi esa  felicidad porque si lo tengo que hacer diría que es seguir sintiendo esos temblores, que nadie es capaz de ver, que casi nadie es capaz de generar y muchos menos son los que pueden generarlos repetidas veces y a una frecuencia sorprendente.
                Vivimos en un desierto lleno de cráteres de amor, desilusiones, engaños, sueños rotos y es por eso mismo que en algún momento sabemos que se nos va a mover el piso y vamos quedar dentro de un cráter en este desierto, nadie nos va a ver caer, nadie va a poder decirnos cuando va a pasar.
                En muchas situaciones los demás ven un poco mas adelante y nos avisan, pero siempre terminamos siendo nosotros los que no deseamos ver esos pocos metros más adelante en donde se nos hace más que evidente que vamos a terminar dentro de un cráter.
                Hay miles de grietas dentro de cada corazón, hay vacios que nunca han de llenarse porque sencillamente un vacio es algo tan particular que solo aquella persona que lo dejo así como esta, vacio, va a poder rellenarlo. Y estoy seguro que por más que lo haga, en el tiempo que sea nunca ha de ser lo mismo. Un vacio es un vacio, y nunca dejará de serlo. Parecería que doy vueltas y vueltas sobre lo mismo, pero es casi inevitable y realmente vicioso, pero así es el vacio.
                Haciendo una auto-reflexión: que persona no ha dejado vacios en otros por momentos? Quien no ha dejado de hacerle sentir al otro que es esa persona capaz de hacerlo temblar? Pero como en muchos ámbitos de esta vida que por momentos se torna bastante jodida, el centro de la cuestión es darse cuenta cuando puede llegar a ser demasiado tarde como para que no existe ese “punto de retorno”. Y ahí volvemos a caer en aquellos que nos rodean que muchas veces insisten y remarcan que lo que estamos haciendo esta mal, pero seguimos adelante hasta donde ya no podemos volver.
                Y no es que lo hayamos hecho pocas veces, quizás nos lleva nuestros buenos años poder saber y darnos cuenta por nosotros mismos que es lo que estamos haciendo y discriminar lo mal que hacemos, cuando hacemos mal.
                Nadie nos vio partir, en esto de hacer las cosas mal, pero algo siempre nos espera: la soledad y el profundo malestar de saber que fuimos nosotros los que nos pusimos en la situación en la que estamos.
                Se que a ella la voy a encontrar dentro de cualquier ruina, ya me lo ha demostrado. Se que va a seguir en este algún punto, quizás sea el de retorno, quizás no, eso no puedo saberlo pero tengo la seguridad que ha de haber un momento en el que me va a estar esperando, dispuesta a despertarme y levantarme luego de cada temblor.
                El día que mejoremos ya nos vamos a tener que hablar de temblores, de miedos, temores o cualquier cosa que nos saque de el centro que hemos elegido, y que al final del camino sencillamente sirve para traernos felicidad.


                Te besaré, te besaré y como siempre ese será un buen momento…
               



No hay comentarios:

Publicar un comentario